domingo, 11 de octubre de 2015

¿Fin?

Parte de entender la vida, es entender la muerte.
Hoy le digo adiós a una de las personas más importantes de mi vida, mi abuelo.
Estamos de acuerdo en que cada uno lleva el duelo a su manera, según lo que siente, según lo que vivió con esa persona.
A lo largo de los años, fui comprendiendo mi manera de llevar los duelos, mi manera de pensar cuando se va un ser querido.
Suelo ser la persona que abraza a otro ser querido, mientras éste llora. Cuando falleció mi abuela, abracé a mi abuelo, y ahora, a mi mamá.
Soy el tipo de persona que se queda con los recuerdos divertidos, con las anécdotas cotidianas, como los domingos en la casa de mis abuelos tomando helado, como cuando descubrí que mi abuelo le había robado una dentadura postiza a otro abuelo, ese tipo de cosas. Puedo recordarme riendo.
Miro para atrás, y veo cuánto vivió. Ochenta años. Un sinfín de historias.
 El haber estado casado con la mujer más buena que existió, el haber tenido dos hijos y una relación complicada y diferente con cada uno. El haberme criado, cuando mis papás no podían.
 Un ser apasionado con el arte, con el teatro para ser exacta. Una persona trabajadora, que siempre lograba lo que se proponía. Un poco jodida, un poco loca, también rebelde.
Tenía caprichos, cientos de ellos, pero hay uno en particular que me siento agradecida de habérselo contemplado. Quería ir al mar. Fuimos, él y yo. La mayoría de los días estuvo nublado, pero hubo dos cosas impagables de ese viaje, su cara cuando vio el mar, después de tantos años, y la voz y la cara que ponía cuando hablaba con mi abuela por el celular. Esa desesperación de encontrar un lugar con señal para poder contactarla, y hablar al menos cinco minutos. Se querían.

Y acá estamos, once de octubre. Fin.
 ¿Fin?
La gente se horroriza, se entristece con los finales. Algo termina, no? Algo bueno termina. Si recordas cómo la gente reacciona cuando algo termina, suele ser un: ¿y por qué terminó? Yo no quería que terminara. Y a esto iba con la frase del principio. Como yo lo veo, uno tiene que entender que está acá para ser feliz, para disfrutar, para crecer, para esforzarse y conseguir lo que uno desea. Y también para comprender que cuando uno vivió y creció todo lo que podía crecer, cuando se llegó a lo mejor de sí, puede irse.
Mi abuelo vivió, disfrutó. Estaba enfermo, y estuvo varios días internado mientras cada sistema empezaba a fallar por su cuenta. Hay gente que podría entristecerse, que podría pensar que ya no habrá nuevos recuerdos, nuevos abrazos.
Yo me quedo con que mi abuelo hoy dejó de sufrir. Me quedo con los veinte años de anécdotas, con todos y cada uno de los abrazos.